27
jun

Orgullo y satisfacción

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Por Rubén Codeseira

Bandera arcoiris, símbolo de la comunidad LGTB

Bandera arcoiris, símbolo de la comunidad LGTB

Esta semana arranca la celebración del Orgullo Gay en España, unas fiestas multitudinarias, coloristas, divertidas y conocidas en toda Europa que tienen su máxima expresión en la marcha que recorrerá las calles de Madrid el día 5 de julio. El pasado año pasado participaron en la misma alrededor de 1,1 millones de personas, cifra que se espera superar en la edición 2014, en la que dos millones de ciudadanos pasarán por el centro de Madrid a lo largo de la semana.

Parece que esta fiesta, de la que todos, homosexuales y heterosexuales, presumen, ha sido siempre así de popular. Nada más lejos de la realidad. El camino andado ha sido, parafraseando a los Beatles, largo y tortuoso.

Pioneros en una España en blanco y negro

El activismo gay se inició en Barcelona a comienzos de los años 70. Allí también tuvo lugar, en 1977, la primera manifestación el día 28 de junio, fecha elegida por el movimiento gay para reivindicarse. Un año más tarde, se celebró la primera en Madrid y, desde luego, poco tuvo de multitudinaria. Sólo unas decenas de personas, pioneros en la lucha en pro de los derechos de gays y lesbianas, acudieron a una cita que pasó desapercibida.

Manifestantes de la primera marcha del orgullo gay en Madrid

Manifestantes de la primera marcha del orgullo gay en Madrid

La Constitución de 1978 trajo consigo la derogación de la Ley de Peligrosidad Social y, con ello, la despenalización de las relaciones homosexuales, pero aún había mucho camino que recorrer en una España aún en blanco y negro.

El día 5 de julio en Madrid, más de un millón de personas recorrerán la Gran Vía. Hace treinta años, hace veinte años, incluso hace diez años, esta cifra era impensable. Encerrados en los armarios, gays, lesbianas, transexuales y bisexuales ignoraban la única oportunidad pública de ser vistos. Sin embargo, algo se movía en la sociedad.

La progresión geométrica

En la década de los 90, la cifra de asistentes a las manifestaciones del Día del Orgullo Gay empieza a crecer en progresión geométrica, desde un punto de partida muy bajo, eso sí. La convocatoria de 1993, con una España de resaca que había presumido ante el mundo de modernidad y vanguardia con los fastos del 92, contó con unas 500 personas; la de 1994, que coincidía con la celebración en todo el mundo del 25 aniversario de Stonewall, casi se alcanzó el millar, mientras en Nueva York, un millón de personas desfilaba por la Primera Avenida de Manhattan, y 180.000 personas lo hacían en Londres.

En 1995, la manifestación batió su récord con 1.200 asistentes, aproximadamente el 0,01% de las personas homosexuales que se estimaba que entonces vivían en Madrid. Muchos lo hicieron disfrazados, no por motivos lúdicos, sino para evitar ser reconocidos. La sexualidad seguía sin dar el salto al ámbito público.

De derechos fundamentales y carrozas

Anuncio de los actos del Orgullo 2005

Anuncio de los actos del Orgullo 2005

Sin embargo, algo estaba cambiando. A finales de 1995, el Congreso de los Diputados aprobaba el nuevo Código Penal, que protegía la orientación sexual como un Derecho Fundamental. Seis artículos del nuevo Código castigan expresamente la discriminación por motivos de orientación sexual. El 28 de junio de 1996 se notaba que había algo diferente en el interior de la gente y no sólo en Madrid. Los homosexuales españoles celebraron ese año su festividad como nunca antes lo habían hecho, con manifestaciones en Sevilla, Barcelona, Bilbao o Valencia. En Madrid, unas 3.000 personas desafiaron los 40 grados de temperatura y marcharon por las calles al grito de “Visibilidad”. Y apareció la primera carroza, lo nunca visto hasta entonces.

Patrocinadores, nuevo Gobierno y Pelayo, para los coches

Gays y lesbianas empezaron a tomarse en serio ese mensaje y las manifestaciones empezaron a ser más numerosas. Quizá fue casualidad, pero ese empuje coincidió con el cambio político tras las elecciones generales de 1996, con José María Aznar como presidente de un Gobierno hostil hacia el movimiento homosexual. “Libertad para amar, libertad sexual” fue el grito que, en 1997, lanzaron unas 6.000 personas, que ya empezaban a llegar de otras ciudades españolas, en una marcha que reivindicaba la aprobación de una ley de Parejas de Hecho.

Por primera vez, la manifestación tuvo patrocinadores y, esta vez, fueron ocho las carrozas salieron de la Puerta de Alcalá. Eso sí, el camino no era de rosas: el Ayuntamiento gobernado por Álvarez del Manzano se negó a cortar al tráfico la calle Pelayo para que albergara parte de las actividades lúdicas de esa semana. Las carreras de sacos, charangas y juegos de sillas, dirigidos a los más pequeños, y la carrera de tacones y elección de Mister y Miss Pelayo no podían impedir la circulación de coches en una calle tan transitada…

Primera ley de parejas de hecho

El Día del Orgullo de 1998 se mezclaban los sentimientos de alegría y frustración: mientras en Barcelona, el parlamento catalán aprobaba la ley de Uniones Estables de Pareja, que por primera vez en España ponía a gays y lesbianas casi al mismo nivel de las parejas heterosexuales en derechos y deberes, el Congreso de los Diputados ignoraba la aprobación de una ley similar de ámbito estatal.

Twinky Winky y otros famosos salen del armario

Tinky Winky

Tinky Winky

Lo seguiría ignorando el año siguiente, que comenzó con el ridículo reverendo Jerry Falwell, uno de los principales líderes de la derecha religiosa de Estados Unidos, advirtiendo a los padres de que los Teletubbies eran peligrosos para la moral de sus hijos porque consideraba gay al bueno de Tinky Winky.

Anécdotas aparte, el año 1999 fue muy importante, ya que vio nacer la revista Zero y se convirtió en el escaparate para que personas ilustres salieran del armario. Ese año, un político, Miquel Iceta, diputado nacional del PSOE y ex alto cargo de Presidencia de Gobierno, se declaró homosexual; también lo hizo Nacho Duato, director de la Compañía Nacional de Danza.

La manifestación del 28 de junio fue todo un acontecimiento, por la presencia de la que había sido cabeza del cartel socialista a las elecciones europeas, Rosa Díez, y porque marcó un récord de asistencia: entre 20.000 y 30.000 personas, según la Policía Municipal, secundaron la marcha rosa.

Fin de milenio: la catarsis

Marcha del Orgullo Gay en Madrid

Marcha del Orgullo Gay en Madrid

Fue el preludio de la catarsis del año siguiente. Año 2000, fin de milenio y fin de la vergüenza: alrededor de entre 60.000 y 100.000 personas tomaron parte en la manifestación, que se empezaba a parecer a lo que hoy conocemos: gente venida de toda España, en una macro juerga colectiva con la que gays, lesbianas y transexuales hicieron demostración de poder y de diversidad: chavales de pueblo, chulazos, maduros, estudiantes, transexuales, políticos, familias con niños incluidos, lesbianas, drag queens, padres y madres de gays, heterosexuales y chicos ligeros de ropa bailando en veinte fastuosas carrozas.

La manifestación tuvo mayor poder de convocatoria que la del 1 de mayo y situaba a Madrid a la altura de Berlín, París, Londres. Al menos, en asistentes, que no en derechos.

El Gobierno seguía sin tomarse en serio las reivindicaciones, y el Vaticano pocos días después del 28 de junio, en boca del entonces teólogo del Papa, George Cottier, recomendó a los gays del mundo que cargaran “con la cruz” de su homosexualidad y fueran “castos” porque, de lo contrario, “no podrían ser felices”.

La iglesia, como siempre, y el Ejército, otra institución inmovilista, conmocionado por la salida del armario de José María Sánchez Silva, un teniente coronel del Cuerpo Jurídico de las Fuerzas Armadas, que se convirtió en el primer militar español de alta graduación que declaró públicamente su homosexualidad a través de la revista Zero.

Manifestantes de la marcha del Orgullo Gay en Madrid

Manifestantes de la marcha del Orgullo Gay en Madrid

Visibilidad y compromiso

Más de 100.000 gays, lesbianas y transexuales, según la policía, tomaron Madrid en 2001 para mostrar con orgullo su homosexualidad, en la que ya empezaba a ser conocida como “manifiesta” y donde se reivindicaba abiertamente el reconocimiento del matrimonio gay. Una treintena de carrozas multicolor acompañaron la comitiva, en la que se dejaron ver rostros conocidos como Chavela Vargas, Cayetana Guillén Cuervo y Alaska, además de políticos, cada vez más concienciados del poder del voto rosa: del PSOE estaban Leire Pajín y Rafael Simancas, e Izquierda Unida estuvo representada por Gaspar Llamazares y Marisa Castro. Del PP, ni rastro.

El año siguiente, la controversia la protagonizó José Mantero, el primer cura que declaró abiertamente su homosexualidad y su poco respeto al celibato, a través de la revista Zero. Y el recién elegido secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, expresaba su compromiso con el colectivo de gays y lesbianas: “No concibo que la capacidad de nadie se valore en función de su orientación sexual”, afirma Zapatero en varios medios de comunicación, al tiempo que prometía defender en el Parlamento el matrimonio civil para parejas de lesbianas y gays y que éstas pudieran adoptar niños.

Decenas de miles de personas -500.000 según la organización, 150.000 según la Policía Municipal y 350.000 según la Nacional- tomaron el centro de Madrid para festejar el Orgullo Gay, que ese año celebraba su 25 aniversario como movimiento en España. Líderes políticos y sindicales apoyaron abiertamente la manifestación, ocupando los lugares más visibles a la cabeza de la misma.

365 días después, el centro de Madrid volvió a teñirse de los colores del arco iris, con más de 600.000 personas en la que fue la reivindicación más multitudinaria celebrada hasta la fecha en España. Meses antes, en plena campaña electoral de las elecciones municipales, la candidata del PP Ana Botella tuvo que salir por patas de Chueca protegida por sus guardaespaldas, tras sufrir las iras de un grupo de homosexuales en una visita electoral que acabó con un baño de insultos y empujones.

Una mala digestión de peras y manzanas le pasó factura a la esposa de Aznar, hoy alcaldesa de Madrid y que, desde su equipo de Gobierno, se empeña en torpedear, mediante restricciones horarias y de espacios, limitación de decibelios y multas astronómicas, la celebración de la fiesta. Los organizadores del MADO denuncian, no sin razón, el doble rasero, ya que estas restricciones no se aplican en el caso de celebraciones deportivas, políticas o espirituales.

Del tormento al éxtasis

Marcha del Orgullo Gay en la Gran Vía de Madrid

Marcha del Orgullo Gay en la Gran Vía de Madrid

El discurso de investidura de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, tras su victoria en las elecciones del 14 de marzo de 2004, terminaba con una declaración de intenciones: “Ha llegado también el momento de poner fin a las intolerables discriminaciones que aún padecen muchos españoles por razón de su preferencia sexual. Homosexuales y transexuales merecen la misma consideración que los heterosexuales y tienen derecho a vivir libremente la vida que han elegido. Modificaremos el Código Civil para reconocerles, en pie de igualdad, su derecho al matrimonio”. Las negras gaviotas emigraron y ese año, el casi millón de asistentes a la manifestación celebraban la marcha con optimismo.

El objetivo soñado por aquellos pioneros de los años 70 se vio alcanzado un año después. El 30 de junio de 2005 se aprobó definitivamente en el Congreso la ley que permitía el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción por parte de estas parejas.

Millón y medio de personas lo celebraron por las calles de Madrid en la marcha más multitudinaria que se recuerda, en lo que parecía más a un desfile de la victoria que a una manifestación reivindicativa. Había ganas de celebrar un acontecimiento histórico.

Al año siguiente vino el Europride, en el que Madrid y España presumieron ante el continente de los logros conseguidos, sin olvidar, eso sí, que aún hay derechos pendientes de conquistar y defender.

Bandera arcoiris en la puerta de Alcalá de Madrid

Bandera arcoiris en la puerta de Alcalá de Madrid

Voz para los que no pueden hablar

Además, nuestro país es testigo de cómo cada vez más países aprueban los derechos hacia los homosexuales. Desde aquel 2005, el matrimonio ya es un hecho en países antes impensables, como EE UU, Argentina, México D.F., Francia o Reino Unido. Sin embargo, en países como Nigeria, Kenia, Uganda, Rusia, Hungría, Eslovaquia y Croacia se aplica homofobia de Estado, reforzando sus constituciones para impedir el matrimonio entre personas del mismo sexo. De ahí que este año, el lema sea el muy acertado Nos manifestamos por quienes no pueden.

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